“¿Qué pasa allá abajo, está todo bien?”: Un hombre suertudo y un feminicidio desafortunado

¿Qué puede llevar a un hombre a cometer un feminicidio? En algunos casos, un odio incontenible nacido de un previo amor exacerbado, pero rechazado, del victimario por su víctima. Una pasión que se convierte en obsesión de posesión, que incluye en la psique del feminicida una suerte de sensación de revancha simbólica por el mencionado rechazo por parte de una mujer que idealiza.

Un caso así es el de John Bingham, también conocido como Lord Duncan, quien el 7 de noviembre de 1974, a sus 39 años, se dispuso a quitarle la vida a su ex esposa, Verónica Duncan, de 37 años de edad. Entre las motivaciones de Lord Duncan estaba el hecho de que se encontraba en disputa legal por la tenencia de sus hijos.
Su plan era de lo más sencillo, pero la ejecución del mismo fue desastrosa.

Lord Duncan acechó a su ex-pareja, se inmiscuyó al interior de su hogar, en el número 46 de Belgrave Street en Londres; esperó durante horas en el sótano. John sabía perfectamente que Verónica bajaba al sótano para preparar un té todas las tardes. Lo único que tenía que hacer era esperar como un lagarto sumergido en el pantano hasta que su víctima se acercara por sí sola a sus tenaces fauces de depredador.

¿Qué puede salir mal en un plan elaborado por una mente tan excepcional como la de un maestro de las apuestas y los juegos de azar como Lord Duncan? La oscuridad, tenebroso escondrijo del ladrón, y aliado natural del criminal furtivo, le jugó una mala pasada al maestro apostador, Lord Duncan. En cuanto Verónica bajara al sótano, la solución al problema marital de John llegaría de la mano de un tubo de plomo con el cual la golpearía hasta que sus sesos cubrieran el piso. La fortuna no le sonrió a John por esta ocasión.

Lord Duncan echó mano de sus desarrollados instintos, escuchó pasos hacia donde él aguardaba para cometer su atroz crimen, en cuanto una silueta de mujer fue visible para él, no dudó en arremeter con golpes cargados de una apasionada violencia hasta que a sus pies quedó el cuerpo de una mujer sin vida.

Un grito horrorizado inundó los tímpanos de Lord Duncan y su semblante debió deformarse en una mueca de desafortunada sorpresa. “¿Qué pasa allá abajo, está todo bien? Ese día John apostó por su buena suerte y el azar, su perro fiel, esta vez lo traicionó. ¿Quién hubiera pensado que justo ese día, no bajaría Verónica a preparar el té, sino Sandra, la niñera?

Lord Duncan desapareció después de este desafortunado feminicidio. Tras años de ausencia, se le declaró muerto y la creencia de que ya no rondaba este mundo se extendió durante años. Hasta que Lord Lucan, uno de los hijos de la niñera asesinada, a sus 85 años de edad declaró que Lord Duncan seguía con vida y oculto en un retiro budista con sede en Australia.

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