El asesino de la masacre de Texas

Ed Gein, también conocido como “el carnicero de Plainfield”, ha sido inspiración para muchos de los personajes más terroríficos del cine de terror de los años 60, 70, 80 y 90, tales como: Norman Bates (“Psycho”, de Alfred Hitchcock, 1960), Leatherface (“The Texas Chainsaw Massacre”, de Tobe Hooper, 1974) o BuffalloBill (“The silence of the lambs», de Jonathan Demme, 1990).

En los años 50, dentro de una América llena de prejuicios e ideales sexistas, creció Ed Gein, en una granja en Wisconsin. Fue fruto de un padre alcohólico y violento, y una madre extremadamente religiosa, quien consideraba a las mujeres el objeto de pecado del que debía mantener alejados a sus dos hijos.

Gracias a su particular crianza, Gein se volvió un chico bastante antisocial, a su hermano y a él su madre les impuso una estricta disciplina, constantemente les castigaba y daba palizas; era incapaz de mostrar nunca ningún afecto o amor por sus hijos. Mientras, el padre gastaba todo su dinero en la taberna del pueblo.

Gein desde pequeño sentía una gran afición por la sangre, las matanzas y lossacrificios de animales, actividades típicas en pueblos dedicados a la ganadería. Gozaba de leer cómics, revistas y libros acerca de asesinatos, muerte o violencia («Tales from the Crypt», entre otros) e, incluso sobre las torturas que se llevaron a cabo en los campos de concentración nazis.

Después de que su padre falleciera a los 66 años, su hermano muriera por causas “sospechosas” y su madre, de quien estaba enamorado, muriera de un infarto, él cerró con llave la habitación de su ella, conservándola intacta tal y como ella la había dejado, y empezó a realizar pequeños trabajos para sus vecinos.

Al poco tiempo, Mary Hogan, dueña de una taberna en el pueblo, desapareció misteriosamente, jamás hubo sospechosos del caso, pero un granjero recordó haber visto a Gein en la taberna la última noche de Mary, aunque jamás se comprobó nada.

Tiempo después, varias personas recordarían cómo Gein bromeaba diciendo “No ha desaparecido… De hecho, está ahora mismo en mi granja”, pero nadie pensó que fuera cierto.

El 16 de noviembre de 1957, Ed Gein asesinó a la dueña de una ferretería, Bernice Worden, disparándole un tiro en la cabeza con un rifle de caza. Pero esta vez Gein pasó por alto que la dueña lo había anotado en su registro de contabilidad después de mencionar que buscaba anticongelante.

Dos agentes arrestaron a Gein, mientras que otros dos fueron a registrar su granja y lo que encontraron fue algo más que el cuerpo de las dos mujeres…

Al entrar vieron el cuerpo de una mujer colgado de cabeza con poleas, decapitado y desnudo. Había sido abierta desde el pecho hasta el abdomen y sus tripas se encontraban dentro de una bolsa de esparto, mientras que en otra bolsa se encontraba la cabeza de Bernice Worden, quien tenía unos garfios atravesando las orejas, preparada para colgar del techo a modo de decoración. En otra bolsa también se encontró la cabeza de Mary Hogan.

Al seguir buscando, encontraron una colección de cráneos humanos, algunos enteros y otros cortados transversalmente para ser usados como cuencos, también había máscaras hechas con piel humana, que decoraban la habitación de Ed Gein, así como sillas y varias prendas de vestir confeccionadas de la misma manera.

Se encontraron, además, diversas cajas con huesos humanos y en la cocina, había una olla hirviendo con el corazón de Bernice Worden. La única habitación que estaba intacta era la de su madre, que se encontraba todavía sellada, con tablones de madera, desde que falleció.

Gein admitió que muchas veces sentía la necesidad de acudir al cementerio y exhumar los cadáveres de las mujeres muertas que le recordaban a su madre. A veces se llevaba los cuerpos enteros, mientras que otras veces simplemente aquellas partes que más le interesaban.

Según Gein, nunca mantuvo sexo con los cuerpos, porque decía que “olían mal”. ¿Le creemos?

Ed Gein reconoció que muchas noches oía la voz de su madre antes de dormirse y que, de alguna manera, lo incitaba a matar.

Según los hechos, Gein solía vestir los trajes que realizaba y se paseaba por su casa imitando los gestos y voz de su madre, comportándose como si continuara viva, sentándose en su butaca, etcétera.

El asesino ingresó en el manicomio de Mendota en 1958, por tiempo indefinido, destacando por su buen comportamiento tanto con guardias como con el resto de los internos. Realizó diversas labores y varios trabajos que le valieron una buena reputación y en 1974 pidió la libertad, pero no se lo otorgaron.

Ed Gein murió por una insuficiencia respiratoria el 26 de julio de 1984 en el Hospital Geriátrico para Enfermos Mentales de Mendota.

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